lunes, 1 de noviembre de 2010

Antes que anochezca








es la hora

He estado demasiado tiempo aquí, ya.
Mucho tiempo sentada en la misma silla,
mucho tiempo viendo la misma ventana,
mucho tiempo esperando que regreses.

Ha sido mucho tiempo.

Pero eso no cambia nada.

Sigo aquí en la misma silla sentada
viendo como los días y las noches pasan,
esperando a que llegues en un momentos antes del crepúsculo,
ver tus zapatos marchando hacia la entrada.

Y no seguir sentada en la misma silla
y no seguir viendo la misma ventana.
Salir corriendo y decir que fue mucho tiempo,
que te extrañaba y que realmente,
realmente,
siempre te pensaba mientras
estaba sentada en la misma silla,
viendo la misma ventana.

Como tanta veces pensé que podría moverme de allí
y no pude sólo porque si me movía

inevitablemente

con el paso del tiempo

en algún momento

ya no me acordaría de ti
no vería la forma de tus ojos cuando cierro los míos
no recordaría tu voz
ni como sabía tu boca
ni siquiera recordaría como me mirabas por las mañanas

es mejor así.

Que pasara el tiempo en el mismo sitio esperando,
recordándote,
pensándote.

Mejor eso que un día mientras camino por la sala deje de pensar en ti,
me dé cuenta que el tiempo pasa y jamás,
jamás sepa que exististe.
Porque ni siquiera recordaría recordarte
no recordaría tu olvido.
No recordaría tu fantasma.
No me recordaría a mí misma.

A la que está sentada en esta silla,
viendo por esta ventana,
con los pies en el suelo frío,
esperando que aparezcas
antes de que anochezca.