miércoles, 3 de noviembre de 2010

mi respuesta a la vida











Escucho.
Veo.

Te veo.
Te escucho.

No puedo evitarlo, ambas cosas me dan un sentido en la vida.
Me hacen sonreír.
Hacen que crea que uno tiene razón de existencia.
Que la vida existe para que se una con otras vidas.

Ya sea porque me encantan tus ojos.
O porque me gusta hablar contigo por horas.
O porque me encanta escuchar atentamente cada uno de tus cuentos.
O porque siento un orgasmo cuando veo tu colección de música.
Porque comemos juntos.
Porque compartimos miserias y muy pocas veces, éxitos.

Pero tenemos una razón por la cual estamos en el mismo carro,
sentados el uno al lado del otro.
Mientras afuera puede suceder lo que sea.
Nosotros seguimos siendo nosotros y por un momento,
por un mínimo e infinito instante de tiempo,
somos uno.

Estoy dentro de tu mente.
Lo siento.
Pensamos lo mismo o todo lo contrario pero nos divertimos igual.

Aunque yo sea una mierda
y tu estés casado y con hijos.
Aunque vivamos de diferentes lados de la calle
Aunque sólo compartamos esta sola cosa.

Por eso es que todo es armonioso.

Escucho cada nota en su lugar
y la voz que viene de las cornetas del carro
describe el rango de nuestro tiempo.

Tiempo.
Espacio.

Ritmo.
Color.

Absoluto.

Te escucho.
Te veo.

Veo.
Escucho.